Abordaje nutricional en el autismo.

El trastorno del espectro autista (TEA) es una afección relacionada con el desarrollo cerebral, caracterizado por aptitudes cognitivas variables, cierto grado de dificultad en la comunicación, atención, comportamiento e interacción social. Sus necesidades son complejas, por lo que su abordaje es multidisciplinario, con la implicación de intervenciones neurológicas, psicológicas, nutricionales, entre otras áreas de manejo que se requieran según cada caso en particular.
Enfocándonos en el manejo nutricional, en el autismo se busca abordar las sensibilidades alimentarias y mejorar el bienestar integral mediante una alimentación equilibrada, limitando el consumo de alimentos procesados con la reducción de la ingesta de grasas saturadas, azúcares añadidos y carnes rojas procesadas, e incluyendo alimentos ricos en nutrientes. Como base de la dietoterapia en el autismo se prioriza una dieta rica en alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, frutos secos), antioxidantes (verduras de hojas verdes y bayas), cereales de preferencia integrales, adecuado aporte de proteína (carnes magras, huevos, legumbres), ácidos grasos, de predilección omega-3 (salmón, chía, semillas).
Los probióticos tienen un papel fundamental, por su destacado rol en el restablecimiento del equilibrio de la microbiota intestinal, disminución de síntomas gastrointestinales, y regulación del «eje intestino-cerebro». Por otra parte, una dieta baja en gluten y/o caseína se puede ajustar, con el fin de provocar cambios en síntomas gastrointestinales e hipersensibilidad, además de cambios a nivel cognitivos, en el comportamiento social y comunicación; Sin embargo, eliminarla por completo y a largo plazo podría implicar consecuencias en la salud. Aún se sigue evaluando evidencia científica suficiente para su uso, por lo que el tiempo de implementación debe ser valorado y observar sus efectos positivos y negativos de forma periódica en cada paciente.  
También pueden presentar algunos síntomas gastrointestinales como alteraciones en los hábitos intestinales, estreñimiento, diarrea, dolor abdominal crónico, reflujo y vómitos, de no tratarse de manera correcta y oportuna pueden aumentar los problemas de conducta en los niños con TEA, ya que se pueden asociarse a una mayor tasa de irritabilidad, ira, conductas agresivas y alteraciones del sueño.
Un plan de alimentación adecuado a las necesidades individuales, considerando la importancia de un patrón alimentario saludable y sostenible, y la valoración de necesidad de terapias de alimentación para superar problemas sensoriales y de conducta que se puedan presentar como retos nutricionales. Algunos niños con autismo solo comen determinados alimentos, otros presentan aversiones sensoriales con una alta sensibilidad a sabores, olores y texturas, otros niños se les lleva una dieta restringida con la esperanza de reducir los síntomas del autismo. Y con ello, podrían no tener la nutrición necesaria para un crecimiento sano y correcto desarrollo.
Aquí entra en juego la implementación de estrategias nutricionales para la aceptación de alimentos, adaptación sensorial, mejorar habilidades motoras orales necesarias para comer, enfoques conductuales, fomentación de hábitos positivos, como establecer rutinas, preparar un ambiente familiar, tranquilo y sin distracciones, introducción gradual de nuevos alimentos, permitiéndoles interactuar con ellos, tocar, oler, probar en pequeñas cantidades, e incluso involucrarlos en su preparación si es posible.
El abordaje nutricional es vital, en vista que los complementos dietéticos y nutricionales ayudan a mejorar la eficacia de las estrategias y terapias instauradas, optimizar adherencia al tratamiento y aliviar los síntomas del TEA.

Dra. Pamela Bocio García.

Nutrióloga Clínica.

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