El Congreso de la República de Perú destituyó a la presidenta Dina Boluarte en la madrugada de este viernes, culminando un proceso exprés de «vacancia» por «permanente incapacidad moral». La decisión, aprobada con una abrumadora mayoría de 122 votos a favor de un total de 130, se produce en un momento de profunda inestabilidad política y de una escalada sin precedentes de la violencia y la inseguridad ciudadana que azota al país.
La crisis de violencia, con cifras récord de homicidios y extorsiones en ciudades clave como Lima, fue el detonante principal para la unión de las fuerzas parlamentarias que promovieron hasta cuatro mociones de destitución en su contra. La mandataria, que asumió el cargo a finales de 2022, no se presentó ante el hemiciclo para ejercer su derecho a defensa.
Con la salida de Boluarte, Perú se sumerge nuevamente en la inestabilidad, sumando un séptimo mandatario en menos de una década. Ante la ausencia de vicepresidentes, la jefatura del Estado fue asumida de manera interina por el presidente del Congreso, José Jerí, quien deberá liderar la transición de cara a las elecciones generales previstas en apenas seis meses.
Boluarte finaliza así un mandato de dos años y diez meses, dejando el cargo con niveles de aprobación extremadamente bajos y bajo el cuestionamiento de su capacidad para responder a las demandas de seguridad de la población. La crisis pone de manifiesto una vez más la profunda fragilidad institucional y política que caracteriza al país andino.
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