Memorias de Nutricion.
Dra. Pamela Bocio García.

El hambre es la necesidad fisiológica de alimentarse para la obtención de energía y continuación del funcionamiento del cuerpo. Se manifiesta por señales físicas, dolor, malestar, debilidad, irritabilidad, sensación de vacío en el estómago que envía señales al cerebro.
El apetito es el deseo psicológico y selectivo de ingerir alimentos placenteros, influenciado por factores emocionales, sensoriales, ambientales y sociales.
El hambre emocional conecta la nutrición con la salud mental. Muchas personas lo sienten, pero no saben reconocerlo. Veamos que conocemos de este fenómeno, como identificarlo y que hacer para manejarlo.
A diferencia del hambre física, que surge por necesidad fisiológica de nutrientes, el hambre emocional surge por estados afectivos: estrés, ansiedad, tristeza, aburrimiento, soledad. Suele aparecer de forma repentina, urgente, con antojos específicos, normalmente alimentos altos en azúcar, grasa y procesados. No satisface realmente la necesidad emocional, lo que puede generar un ciclo de “comer → culpa → comer”.
Algunas señales que podrías identificar: comes aun cuando acabas de alimentarte; comes alimentos en específicos, rápido y sin darte cuenta; te sientes mal después de comer, sientes culpa y remordimiento, distracción, consuelo o alivio temporal; tus emociones coinciden con los momentos en que sientes deseo de comer.
Consecuencias si no se maneja de manera oportuna: aumento de peso no deseado, desorden alimenticio, riesgo de exacerbar trastornos de ansiedad o depresión, sentimientos negativos que se retroalimentan, dificultad para mantener hábitos saludables, afectando directamente la prevención de enfermedades crónicas.
Estrategias prácticas para manejarlo: Identifica tus emociones y sus desencadenantes, que sientes al comer, cuando tienes ganas de comer, de que es tu deseo específicamente; Implementa técnicas de regulación emocional (medita, camina, conversa, realiza actividades recreativas); Planifica tus comidas y snacks saludables, prepara un menú previo y snacks nutritivos (frutas, nueces, yogurt natural); Regula los horarios de comidas para evitar decisiones impulsivas, al menos 3 comidas principales al día; La cocina tradicional y alimentos locales nos ayudan a simplificarnos en la cocina, prepara platillos caseros, prácticos y evita ultraprocesados. Prepara platos equilibrados rico en proteínas magras, hidratos de carbono complejos, grasas saludables, y fibras, ayuda a prolongar la sensación de saciedad; Permite indulgencias conscientes, no se trata de eliminar los antojos, sino que sea de forma controlada y moderada, es decir, si quieres un dulce, elige cómo y cuándo, sin culpa ni autojuicio, disfrutando realmente tu deseo; Duerme bien y cuida tu descanso, el sueño deficiente altera hormonas que regulan hambre y saciedad; Busca apoyo profesional si comer por emociones ocurre de manera frecuentemente y persistente, genera malestar, afecta calidad de vida, o se relaciona con trastornos alimenticios o del estado del ánimo, podrías necesitar terapia nutricional y psicológica.
El hambre emocional es más común de lo que creemos. Reconocerlo es el primer paso para no dejar que nuestras emociones dicten lo que comemos. Si aprendemos a diferenciar entre el hambre física y emocional, y usar estrategias para manejarlo, podemos comer de manera más consciente y nutritiva para nuestro propio bienestar. Recuerda, una vida saludable no consiste solo en lo que ponemos en el plato.

Dra. Pamela Bocio García.
Nutrióloga Clínica
