Memorias de Nutrición
¿Qué pesa más en nutrición?

Si bien es cierto que existe una relación entre la apariencia y funcionalidad, refriéndonos al contexto de que una composición corporal saludable, con buen porcentaje de músculo y grasa, es tanto estética como funcional.
La estética es aceptable y puede influenciar de manera positiva si la abordamos de manera consciente y sostenible, por sus fines de resaltar la belleza, el cuidado personal y la salud emocional. Inclusive, muchas personas comienzan con motivación estética, lo que puede ser un punto de partida para adoptar mejores hábitos, que luego se traducen en beneficios funcionales.
Pero ¿en qué punto sobrepasamos la línea entre estas dos entidades y se convierte en una problemática? Cuando lo estético se convierte en prioridad y deja a un lado lo funcional, las implicaciones y los medios para lograrlo; Cuando nos enfocamos solo en un número en la báscula y obviamos lo que refleja las analíticas, signos, síntomas, y dejamos de escuchar nuestro cuerpo; Cuando hacemos picos estéticos y metas surrealistas para un evento por ejemplo, en busca de resultados rápidos con fecha límite y a corto plazo; Cuando nos dejamos llevar de la presión social, cultural o emocional, dándole paso a influencias de las redes sociales, tendencias y publicidad con fines mediáticos; Cuando hacemos autocrítica destructiva y comparación constante con modelos corporales e ideales de belleza; Cuando consumimos y aceptamos contextos de poca educación nutricional basada en mitos y creencias, y no en ciencia; Cuando los profesionales del área también priorizamos lo estético sobre la salud integral.
Todo esto se debe a que de forma frecuente solo percibimos los resultados visibles “verme bien, sentirme atractivo, aceptación tal vez” y no apreciamos los beneficios internos que no podemos ver a simple vista, como la prevención de complicaciones, mejoría de enfermedades, calidad de vida, funcionalidad orgánica, movimiento, independencia con la edad, capacidad cognitiva, optimización de la salud, funciones metabólicas, inmunológicas e intestinales del cuerpo.
Si la estética se persigue como meta tangente sin cuidado ni bases sólidas, puede causar daño y traer consecuencias: Incremento en la fomentación de decisiones riesgosas, llevando a la población a adoptar estilos de vida poco sostenibles y dietas de moda, temporales, milagrosas, muy restrictivas basadas en cortes extremos de calorías o restricción extrema de algún nutriente en específico con resultados efímeros; Pérdidas rápidas de peso sin supervisión con complicaciones orgánicas; Déficits nutricionales, carencias de micronutrientes y desequilibrio nutricional energético; Problemas metabólicos (efecto rebote, pérdida de masa muscular, deterioro del metabolismo basal); Alteraciones hormonales (ciclo menstrual, función tiroidea); Alteraciones intestinales e inmunológicas; Trastornos psicológicos, mentales o emocionales (mayor predisposición al desarrollo de trastornos alimenticios o actitudes poco saludables hacia la comida, imagen corporal distorsionada, insatisfacción, frustración, ansiedad, depresión, baja autoestima si no se cumplen expectativas estéticas).
En base a esto, la salud integral debería ser la base sobre la que se edifique cualquier meta estética. Priorizar esto no solo es más seguro a largo plazo, sino que en la mayoría de los casos conduce también a mejoras estéticas duraderas y confiables. La estética no tiene nada de malo, todo lo contrario, pero si debes sacrificar tu salud para obtenerla, analiza, tal vez el método que estas implementando no es el ideal para ti.

Dra. Pamela Bocio García.
Nutrióloga Clínica.
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