
por: Pedro Jarvis
Lejos de querer asumir una postura moralista o de doble moral, este es un llamado a la reflexión sobre los referentes que estamos construyendo como sociedad. Confieso que nunca he sido consumidor del contenido de Alofoke; en las pocas ocasiones en que he intentado ver su programa, me resulta imposible permanecer más de cinco minutos frente a la pantalla. Me encuentro con una dinámica cargada de comentarios vacíos, discursos sin sentido y debates que poco o nada aportan al crecimiento individual o colectivo. Lo que realmente produce pena es observar a una gran cantidad de excelentes profesionales —hombres y mujeres con una formación, capacidad y talento excepcionales— pasar por esa marca, sometiendo su nivel a la dinámica de un espacio que dista mucho de su calidad.
Bien lo advierte la Escritura en Isaías 5:20: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!». Y es que la confusión de valores parece haber alcanzado niveles alarmantes.
Ver recientemente a una institución universitaria anunciar la presencia de Santiago Matías para conversar con los estudiantes sobre su «historia de éxito» resulta, sinceramente, mucho con demasiado. Es necesario ser justos y reconocer la verdad: Santiago Matías ha sido una figura indiscutiblemente exitosa dentro del mundo del entretenimiento digital y los negocios mediáticos. Ha sabido construir un imperio comercial a base de visibilidad y estrategia. Sin embargo, tener éxito en un nicho de mercado no convierte automáticamente a una persona en un referente o un ejemplo para la sociedad.
Sus espacios, frecuentemente cargados de contenidos que promueven la inmoralidad y resaltan lo negativo, no le hacen bien al entramado social. Por el contrario, envían un mensaje distorsionado a las nuevas generaciones: la idea peligrosa de que hacer las cosas mal, promover el morbo y desestimar la ética trae recompensas positivas y reconocimiento público.
Al final, la sabiduría popular no se equivoca. Ya lo decían nuestros viejos con sobria certidumbre: el que anda con cojo, al año cojea; y en estos tiempos, el que anda con Foke, al año fokea. Cuidemos los modelos que exponemos ante quienes mañana tendrán la responsabilidad de dirigir nuestra nación. 🇩🇴✍️
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